
La pasta térmica debería cambiarse cada 2-3 años en uso normal, o cada 1-2 años en equipos que trabajan más caliente (laptops gamer, uso intensivo constante). La señal más confiable de que ya toca no es el calendario en sí, sino la temperatura real del procesador: si sube más de lo que solía con el mismo uso, ya se secó.
Qué es y por qué se seca
La pasta térmica es una crema conductora que se aplica entre el procesador y el disipador de calor, para que el calor pase de uno al otro de forma eficiente sin espacios de aire en medio. Con el tiempo, por el calor mismo, se seca y se vuelve menos efectiva — deja de transferir el calor tan bien como al principio.
Cómo saber si ya toca, sin abrir el equipo
- El procesador se calienta más que antes con el mismo tipo de uso (no algo nuevo o más exigente).
- El ventilador trabaja más fuerte de lo normal tratando de compensar una temperatura que no logra bajar del todo.
- El equipo se pone lento después de un rato encendido — el procesador se frena solo para no sobrecalentarse.
- Pasaron 2-3 años desde la última vez (o nunca se ha hecho), incluso sin síntomas todavía visibles.
Por qué no conviene esperar a que falle
Un procesador funcionando constantemente muy caliente, aunque no llegue a apagarse, sufre más desgaste con el tiempo. Cambiar la pasta térmica a tiempo es barato comparado con el riesgo de un componente dañado por sobrecalentamiento sostenido durante meses.
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